Ferrara soleada y fresca. Conjunción de días de azules sobre la húmeda piedra acostumbrada al Pó y a la fosquía, a la melancólica alquimia de los tal vez mejores pasados secretos y cotidianos quehaceres de hoy, tambien quizá mejores presentes secretos y en gerundio. Sólo quizás tal vez. Tal vez. Quizá.
El hombre del taxi tiene unos cincuenta y tantos. Pero aparenta más. Los hay que a los cincuenta y tantos aparentan la cuarentena, hailos. Que sí. Pero este hombre de capelli grilli no se ha repuesto de la vida, arrugado de rostro, amable de entrecejo no obstante y gran hablador, gesticula mientras guida y parla acostumbrado al turista. Cuantas veces, a cuantos, a quienes habrá relatado los hechos escuetos, como si aquello se repitiera a diario. Importante asunto sin ninguna transcendencia salvo para su padre, que debió ver el cielo y el infierno de ida y de vuelta. Le pregunto que si tomó miedo a las alturas y me responde que no, que era il suo laboro y que come tutto en la vita e un risquio, que transitar las calles en bicicleta como es la costumbre (allí lo es) también te puede matar. E tutto pasa y algo queda. Eso no lo dijo él, lo digo yo.
Todo esto viene a cuento del post de ayer. Viene a cuento del recuento de ecos difusos que dejan los viajes, del olor idéntico a tráfico de cualquier calleja en cualquier parte, del otro olor, aquel que pertenece al lugar en sí y sin remedio indefinible. Porque hablar de cómo huele el sol sobre el parabrisas o los respiraderos de las trattorias es como saborear un helado de almizcle careciendo del sentido del gusto. No tenemos letras para describir olores. Tan sólo acertijos. Referencias a como huele lo otro.
Pues bien, como iba diciendo. Entre la algarabía y los ángeles que a veces pasan, me reexplica el ferrarés que fue allá por los sesenta, por el sesentuno debió essere più o menos (según mis cuentas, las mias). Me recalca que él era un bambino por aquel entonces y que Giorgio, su padre al final murió de joven, a los sesenta y tantos, de cáncer, como la mayoría, que en la Ilalia sonno tante los que muoren di cancro tutti e giorni… Que la vita, se la vita.
O algo así.
Trayecto completado. Di fronte il castello di Estense.
Excusi mi italiano pero lo tengo de oidas, leido a medias y olvidado.




Un ladrillo que me ha caido de repente.
http://es.youtube.com/watch?v=skRc5aSLmMc