Ascendía Jimena los peldaños inciertos a la luz de las velas. El candelabro de bronce en la mano de cera, la otra mano de cera recogiendo el vestido para no tropezarse. Le crujían las faldas, le gemía el tejido del mandil espantando a las moscas que espantaban polillas. El caracol de rancia madera que siniestro chirria, rechinando a su paso. Se estremece Jimena.
Paseaba Jimena por la casa enlutada, descorriendo cortinas, desempolvando retratos, midiendo al dedillo sobre la cómoda los pañitos de encaje; deambulaba Jimena… y al caer la tarde recosía zurcidos. Otras tardes de flores bordaba pañuelitos, se pinchaba del dedo arrugado la yema con aguja de plata, y adormecida ensoñando en el sueño de la princesa de cuento que durmió por mil años al pincharle la rueca encantada, despertaba Jimena. Y otras tardes soñaba con sartenes y escobas escuchando canciones que su abuela cantara.
Jimena por las noches ascendía escaleras a la luz de las velas. Jimena en el inclinado trastero del desván inclinado desembaulaba recuerdos. Amarilleadas páginas, relicarios de santas, postalitas de muertos…. y espantaba a las ratas.
Ascensores de acero, escaleras de obra, galerías tendidas de coloreadas ropas. (Que Jimena no mira) Ajetreo de almas en paralelas salas, que bostezan, que ríen, que parlotean, que bailan.
Jimena en el desván trastea. A su lado suspira el suicida homicida en la azotea y de un brinco contra el asfalto rebota.
La ciudad implacable perdura desmemoriada. Jimena sigue acariciando objetos, desmenuzando travesaños de sus años de moza.
Ahora el suicida homicida recorre a su vera su casa. Pero no quiere verle. Jimena no mira.
Y como siempre el suicida homicida de cada noche en vela se suicida desde la azotea contra el asfalto rebotando de nuevo. Y como siempre, cada mañana, se abren y se cierran puertas que retumban, repiquetean tacones y chancletas, soniquetean llaves, se ajetrean las voces, los ascensores de acero… que Jimena no escucha.
Y Jimena, que barriendo canta, pero nadie lo sabe.
lo dijo jimena jimenez aquí y ahora.



Jimena Jimenes de mis entretelas y mis entresuelos entre las costuras de los doblacillos de mis pantalones te llevo.
I sin a verlo planeao casi casi ma salío un pareao.
No te entiendo para nada... ¿Cuerda para qué? ¿Para ayudarme a escalar o para ahorcarme a mi mismo? Ya me contarás qué cojones me has querido decir con eso. Te espero en mi blog.
Me gusta, "surrealismo costumbrista", le voy a llamar...